
La industria acuícola de Singapur se está volcando hacia las técnicas de cultivo e investigación de avanzada que disminuyen el impacto ambiental, cada vez mayor, de las granjas.
La investigación se enfoca en el control de la calidad del agua y en la reducción de la contaminación, mejorando el cultivo y la abundancia de los peces, entre otros proyectos.
El organismo encargado de la sanidad alimentaria del Gobierno de Singapur tiene intenciones de impulsar el abastecimiento local de pescado del 5% al 15% del consumo nacional en los próximos cinco años.
Las granjas acuícolas se multiplicaron en los últimos años: en 2005 había 92 granjas con licencia y en 2009 su número subió a 106. Además, hay dos granjas acuícolas de agua dulce y tres granjas de peces marinos y de langostino instaladas en tierrA.
Ahora, se buscan investigadores acuícolas para emprender varios proyectos.
Un taller de investigación en acuicultura marina organizado por la Universidad James Cook de Australia (JUC) en septiembre atrajo 40 delegados de granjas acuícolas regionales y de Singapur, agencias gubernamentales y proveedores de implementos de pesca. El taller fue seguido por una conferencia pública sobre sustentabilidad ambiental en una granja acuícola australiana, en la que participaron 300 personas.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 3.000 millones de personas dependen del pescado como fuente principal de proteína. A medida que los stocks silvestres declinan, el pescado cultivado es un recurso cada vez más valioso.
La acuicultura representa cerca del 50% de la provisión de alimentos del planeta y se espera que supere a la del pescado silvestre.
Sin embargo, la contaminación que producen las granjas a través de los desperdicios de los peces y las sobras de los alimentos que se hunden, que luego se descomponen y provocan florecimiento de algas, continúa siendo un problema. En la conferencia pública de la JCU, el profesor de acuicultura Rocky de Nys describió cómo se puede convertir esto en un proceso para generar especies de algas comerciales que, a su vez, se pueden convertir en biocombustibles, alimento para ganado, fertilizantes e incluso en pienso para peces.
Con todo, en materia de investigaciones, todavía no se completaron con éxito las solicitudes del Fondo Alimentario de USD 5 millones de la Autoridad Veterinaria y de Agroalimentos (AVA), aunque el proceso se abrió en 2009.
De los 11 proyectos aprobados por AVA, cuatro están a cargo de la firma acuícola comercial Barramundi Asia, que en la actualidad opera sitios en las costas de Pulau Semakau y planea instalar otro en las costas de Pulau Senang. Barramundi espera aumentar dentro de dos años la producción de 500 toneladas a 3.000 toneladas anuales.
Según Lam Toong Jin, profesor emérito de la Universidad Nacional de Singapur, todavía falta llevar a cabo más estudios sobre el impacto de la acuicultura en el medioambiente.